En el año 2006 volví a la soltería tras una relación muy larga y, como llevaba muchos años sin ligar, me sorprendió muchísimo que existieran ciertas webs como Badoo o similares que te facilitaban la siempre ardua tarea de ligar. Mis amigos me dijeron que funcionaban muy bien y que podías quedar con muchas chicas y algunas veces hasta acabar triunfando en la cama.
Yo al escuchar eso flipé en colores porque cuando yo iba por la calle, al estar de nuevo soltero, me iba fijando por la calle en todas las chicas que pasaban y todo lo que veía era pura maravilla. Todas las chicas me encantaban, me molaban y me ponían mogollón, no hablo del 90% de las chicas de la calle, ni del 95%, hablo del 100%, absolutamente todas. Por tanto pensaba que en cuanto empezara a usar estas webs me acabaría liando con alguna de esas chicas y mis expectativas se ilusionaron brutalmente.
Pues bien, empecé a usar a algunas de esas webs, y empecé a contactar con chicas, y sorpresivamente eran unos orcos y adefesios increíbles, aparte de chonis a rabiar. Yo pensaba: "caray, estas chicas nunca saldrán a la calle porque yo nunca he visto chicas así". Seguí contactando y el 80% de todo lo que encontraba era de lo peor de lo peor. Yo estaba absorto. No lo entendía. Incluso quedé con varias que en la foto aparentemente estaban bien y luego en la realidad era para salir corriendo. No podía entenderlo. Estaba desconcertado y anonadado. ¿Cómo era posible que si todas las chicas que veía yo por la calle me encantaban no encontrase ninguna de ellas por Internet? Para mí era algo incomprensible.
Y entonces hice un ejercicio de atención y precisión al salir a la calle, empecé a observar y a fijarme mejor, y de repente descubrí alucinado que la calle estaba llena de chicas feas y orcos a rabiar, pero llena, y nunca hasta ese momento me había fijado. Era mi ojo el que me había estado engañando todo este tiempo. Mi mirada me había engañado siempre. Me di cuenta que tenía una mirada selectiva que filtraba a todas las chicas que pasaban y solo pasaban por mi retina aquellas que me atraían y eran guapas. Solo ellas. Esa mirada selectiva era la que hacía que el 100% de las chicas me resultaran atractivas. Yo ingenuamente pensaba que todas la eran pero solo era una minoría, aquella minoría que mi mirada selectiva dejaba pasar, y descubrí horrorizado que todo era un efecto óptico y que en realidad abundan más los orcos que las bellezas.
Desde ese momento he educado a esa mirada selectiva para que sepa discernir bien entre lo que es potable y lo que no, y desde entonces ya sí que puedo salir a la calle y, por una parte, disfrutar visualmente de las chicas monas y, por otra parte, horrorizarme por lo que me voy encontrando. Quizás sea así más infeliz no viendo solo belleza y encanto pero al menos así no vivo en la mentira constante que me proporcionaba mi mirada selectiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario