Según tengo entendido un prestigioso cocinero francés una vez dijo que el primer trago que se da a una cerveza recién abierta es el único que merece la pena. Comparto plenamente esta teoría y creo que pasa con la amplia mayoría de las bebidas que nos gustan. El primer sorbo siempre es una delicia y tiene un encanto especial de los cuales el resto de sorbos ya carece. ¿Será por la ansiedad por querer beberlo? No lo sé, pero es así.
Toda esta introducción viene a cuento porque con el paso de los años me he dado cuenta que me pasa lo mismo con las tetas. Cada vez que he estado con una chica estoy deseando que llegue el momento de poder por fin tocarla y acariciarla las tetas, y es un momento sublime, un momento que siempre me encanta, pero cuyo deseo desaparece a los pocos minutos. Un amigo mío dice que las tetas están muy sobrevaloradas y que realmente solo sirven para generar una gran ansiedad y deseo para así tener ganas de tener relaciones sexuales. Y, por lo menos en mi caso, sí que es así, porque a los pocos minutos de enrrollarme con una chica ya no tengo el menor interés en seguir tocando los pechos y sí centrarme en otras partes como por ejemplo el culo (al cual cada día valoro y aprecio mucho más en mis relaciones).
Lo curioso del caso es que esta teoría sobre las tetas podría pensarse que solo pasa con chicas con las que nunca antes te has acostado y por eso la ansiedad de querer vérselas y tocárselas. Pero no creo que solo sea así. Porque yo he llegado a tener relaciones de varios años con la misma chica y me pasaba lo mismo, aunque ya nos hubiésemos acostado cientos de veces siempre tenía una pasión adolescente por tocarlas las tetas como si la vida me fuese en ello y, tras conseguirlo, el interés por seguir tocándoselas disminuía considerablemente.
En fin, misterios de la sexualidad humana...
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